Mzungu


Hoy hace tres semanas que llegué a Málaga.  No tengo ganas infinitas de hacerlo pero creo que tengo que escribir una última entrada para asi poner un punto final a este blog.
Pasado ya casi un mes hay recuerdos que se repiten más a menudo, supongo que como nos pasa a todos la memoria va seleccionando los momentos que nos han parecido más especiales. 

Quedan ya lejos, y a la vez cerca, mis primeros y trepidantes viajes en autobús. Fue especial ver el lago Victoria por primera vez, en Mwanza, al igual que ahora es especial cuando vuelvo a leer sobre un lago con tanta historia, ya de vuelta en casa y poniendo nombre y "cara" a todo lo que leo. 

De Mwanza viajé a Benako, una pequeña aldea en la frontera con Rwanda donde lo pasé regular. 
Cuando salía a pasear las miradas de la gente eran tristes, alli no salí a correr ningún día, me parecía en extremo frívolo pasar corriendo por puertas de chabolas donde la gente apenas tenía para comer. No estuve bien, desconcentrado y triste por ver algunos niños en la calle que parecían no tener ni casa ni familia, supongo que eso fue lo que hizo que me olvidase de tramitar mi visado, así que en la misma frontera con Rwanda me denegaron el paso. 
El viaje en moto a las 7 de la mañana, con la bruma en las colinas y un frio que pela, pasando de vuelta por la frontera fue especial e impactante. Casi 400.000 personas se refugiaron en Benako en 1994 huyendo del genocidio que se estaba produciendo en Rwanda.  Imaginar a la gente cruzando por esa misma frontera sobre las cascadas Rusumo y luego malviviendo y muriendo de hambre y cólera al raso en Benako aún me pone la piel de gallina. De todo se aprende, pero creo que no estamos muy preparados para todo y hay cosas que impactan mucho. 

Tras el único viaje en bus donde temí por mi vida volví al lago Victoria, esta vez más al norte y al tranquilo pueblo Bukoba, cerca de la frontera con Uganda. 
En Bukoba se me quedó la pierna dormida como nunca en mi vida mientras viajábamos apilados en un minibus. Es increíble cómo están los africanos acostumbrados a viajar en posiciones imposibles, soportando física y mentalmente posturas que cualquiera de nosotros no aguantaría ni un minuto. 
A orillas del Victoria pasé el día de mi cumpleaños, celebrado con paseíto de varios kilómetros por las orillas del lago y subida a una colina. Allí en lo alto, con unas bonitas vistas sobre el lago, varios niños con uniforme jugaban corriendo y ondeando sus jerseys al viento como si fuesen cometas. Con mi perfecto ( ironía) swahili les pedí que me enseñasen su colegio. 
Me presentaron a la directora, una mujer muy seria a quien al principio creí no agradaba mi presencia. Fue difícil, pero una vez descifré de su casi nulo inglés que no le molestaba que yo andase por allí, sino que le extrañaba y a la vez agradaba la visita de un mzungu, comenzó una celebración de cumpleaños no esperada. 
Fui saludando y conociendo a los alumnos de cada aula, donde al llegar ( como siempre en Tz y Ug) me recibían con una canción, dibujé un mapa del mundo y les expliqué de donde venía. Cuando muchos niños te miran ojipláticos es fácil ponerse nervioso. Después fui con la directora a su despacho y firmé con todos los honores en el libro de visitas. También me dió su teléfono por si necesitase algo en el futuro.  
Debido a mis estrechas relaciones le dije a la directora que era mi cumple, ¿y vas a celebrarlo solo?, me preguntó, ah no no, eso no puede ser.  Mandó a uno de sus alumnos corriendo colina arriba, al poco estaba de vuelta con varios niños y niñas que me cantaron el cumpleaños feliz. Luego se me comunicó que estaba invitado a comer a la casa del mismo alumno ( la directora no podía acompañarme, estaba trabajando) así que me despedí del colegio y empecé a andar con mi nuevo amigo colina abajo. 
Anduvimos y corrimos por un laberinto de senderos, estaba totalmente desorientado cuando llegamos a su chabola y fue entonces cuando descubrí que no me estaba llevando a un sitio a comer, sino que me daría la comida de su casa. Ví que la madre , que no había empezado aún a cocinar se estresó un poco, así que conseguí hacerme entender - chaval, te agradezco tus buenas intenciones, pero mejor vamos a un sitio y que nos pongan algo, no molestemos aquí!. Tras  500 km más al solano llegamos a un puestecillo donde comimos arroz con verduras. 
Allí de cara a una pared sucia, con los platos sucios, el suelo lleno de bichos y hablando en swahili con mi amigo pasé el cumpleaño más especial que recuerdo.

La siguiente parada de mi viaje fue Kampala, ya en Uganda. 
Jinja, ( uno de los lugares) donde nace el Nilo me gustó, pero más que bonito fué emocionante el llegar a otro lugar con tanta historia. En Jinja había muchos mzungus, asi que seguí el transcurso del río en el google maps, al norte ví un pueblo muy chico y emprendí mi viaje hacia allí. 

En Mbulamuti el pueblo dabuti, ví el verdadero Nilo, que me recibió con gente en la  orilla cogiendo arena para sus casas, lavando sus motos, pescando y dando de beber a sus vacas. Todo al mismo tiempo y en el mismo lugar. También los niños y niñas cargaban garrafas de agua a la vuelta del colegio, bien sobre la cabeza o en bicicleta. 
En Mbulamuti viví una experiencia cultural muy interesante. Mercy (con sus 48 hermanos, su hijo y su intención de ser monja) y su familia me acogieron como a uno más y pasamos unos días muy bonitos.  Creo que ya conté por aquí que Reagan y alguien más me preguntaron, mientras andaba por el pueblo, si era explorador como Speke, y con cuánto dinero me financiaba el viaje el gobierno de mi país. También hablamos sobre las nubes, la luna (se preguntaban si en mi país también hay), sobre si cualquiera puede ser turista o sobre si la gente se muere al tocar la nieve. 
Todos los días íbamos a hacer la compra, un huevo costaba lo mismo que una coca-cola, 10 centimos. Una botella de agua mucho más, casi 50cent. 1kg de arroz 60cent, y 1kg de azúcar 1euro.
El día antes de irme me gasté 4e para comprar 2 vestidos, 1 camisa y 1 pantalón a 2 niñas y un niño. 
A los 5 minutos ya no llevaban la ropa nueva, se la habían quitado para reservársela y volvían a tener puesta las de todos los días.  Las mismas con las que se secaban, y las mismas que se ponían por las noches después de bañarse con un poco de agua en el patio de casa,  enmedio del pueblo. 
La despedida fue triste y la madre de Mercy lloró mucho. Casi había llorado yo de la emoción unos días antes, cuando le dije que quería hacerle un regalo. La madre se negaba pero cuando al fin conseguí que me dijese lo que quería me quedé sin palabras, estaba lloviendo esos días así que tenía frío en los pies, le gustaría poder comprarse unas chanclas... 

Volví a Tanzania y tras pasar un día a descansar en Bukoba  puse rumbo a la costa, donde llegué tras dos días enteros viajando en autobús. 
En Dar es Salaam intenté hacer turismo y que me gustasen las ciudades, fuí a algún museo y compré un par de libros en la calle, en alguno de los muchos puestos que había. También vendían naranjas peladitas pero esas no las caté, ni loco, pensaba. 
A una hora en ferry está Zanzíbar, destino turístico mundial del que me quedo con la ciudad de piedra y con muchas reflexiones. Sin darle muchas vueltas al tema, tan solo una simple pregunta ¿podrías gastarte 800e por noche en un hotel sabiendo que hay gente a 100m que vive con menos de 1euro al dia? 

En contraste con Zanzíbar, mi estancia en Pangani (después de desayunar en Tanga con mi amiga Devotha) de nuevo en las orillas de la costa tanzana fue muy chula. Los días con Somoe en su tienda de telas, donde el dinero que entraba era por la venta de agua, refrescos y pasteles que hacían entre ella y sus hijas fueron muy tranquilos y entretenidos. Allí Violet me dió clases de Swahili, nos hinchamos de comer piña y trabajé atendiendo a la gente que venía a comprar a la tienda. Somoe tenía una pierna amputada así que yo vendía las cosas. A los del pueblo les hacía gracia y venía bastante gente a comprar agua y sambosas ( empanadillas) y a charlar con nosotros un rato. En Pangani diluvió de lo lindo algún dia, el pueblo se convertía en una piscina enorme y entonces eran dias perfectos para el tipico desayuno alli, sopita de pollo con limón, te y creps. También en Pangani comí naranjas ya peladas ( de perdios al rio), aprendí a pelar y comer cocos y fortalecí mi adicción a los ubuyus,
De vuelta a Arusha, en Leganga la vida lenta, la tranquilidad, gente simpática y el ritmo africano. 
Los días pasaban sin prisa, me gustaba ir a comprar piñas y aguacates, comer más ubuyus y  charlar con la gente.  También son un buen recuerdo mis excursiones por la selva del Meru, donde viví momentos muy emocionantes cuando algún día me dió susto perderme, y una vez al tener a tantos monos gritando a mi alrededor creí que me iban a atacar.
La selva era uno de mis sitios preferidos, en pleno silencio a veces, y otras veces entre el jaleo de todos los animales ( fáciles de oir y difíciles de ver) avanzaba con pies de plomo para no comerme ninguna araña gigante telarañosa, no pisar ninguna serpiente, o para que ninguna me saltase desde un árbol. Siguiendo un arroyo llegué un día a una poza, una piscina rodeada por  un cortado de piedra enmedio de la selva. Allí había dos mariposas color azus fluorescente , un sitio increíble! Otro día, también alli en la selva  estuve con gente que nunca había visto un móvil, pero una de las imágenes que mejor recuerdo son las niñas que corrian conmigo machete en mano hacia el bosque para cortar leña. Jugaban con el machete, su día a día, poniéndoselo en la cabeza, como si jugaran con un cochecito. 

Con la llegada de Jordán, las tres últimas semanas de mi estancia en Tanzania fueron muy diferentes a las anteriores. Además de que el conocer más el swahili te hace defenderte mucho mejor, al viajar dos personas juntas las sensaciones y experiencias cambian y todo es diferente.  Empezamos con un viaje con varios amigos africanos y Elena a la costa.  Volvimos a Pangani donde el reencuentro con gente que creí nunca volvería a ver fue muy bonito. Vivir en pueblos a pie de playa, con todo construido con y entre palmeras, con arena y caracolas en las calles y monos cruzando la carretera fue una buena experiencia. 

Me ha impactado mucho que en Tanzania la gente vive de formas muy diferentes, aún sin ser muy grande la distancia que separa las distintas tribus y poblaciones. 
En Dar es Salaam se hace vida "de ciudad", a pocos kilómetros en la costa la gente vive en casas hechas con hojas de palmera. En el interior están los masais, que viven de sus cabras y vacas, mientras que los bosquimanos comen pájaros y miel ( viviendo algunos en baobabs). Otras tribus solo cultivan maiz o plátanos y viven en chabolas...  Cada región un mundo.

Nuestra estancia con la tribu Masai fue una de las cosas más especiales del viaje. Lo recuerdo como algo casi irreal, fue como vivir en otro època, en otro mundo. Casi me parece que muchos de los momentos que se me vienen a la mente no sucedieron, como las carreras a pleno sol , las gacelas en la sabana, los tés de madrugada con agua marrón, las conversaciones con los massais, los animales y el poblado protegido de las hienas... 

Habría estado más días con los Massais, pero con solo una semana restante pasamos unos días con Elena, la directora del Blue Sky School y luego seguimos hacia unas montañas (entre el Kilimanjaro y la costa) que hacen frontera con Kenia. En las Usambara mountains lo pasamos bien, momentos que no se olvidarán serán, por ejemplo, cuando unos niños nos guiaron corriendo cuesta abajo por un precipicio ( tal como suena) y llegamos a una piedra al borde de un acantilado. Las vistas del atardecer, los niños jugándose la vida sin inmutarse o las mujeres andando y trabajando en chanclas en lugares en los que no te puedes permitir resbalarte nos hicieron pasar unos momentos de película. También el mismo día, volviendo a casa en moto y de noche, tuvimos que bajarnos varias veces porque el carril estaba tan pendiente y tan embarrado que no había manera.

En fin, es imposible resumir lo que he vivido en este viaje. Estos tres meses han sido una gran aventura ( aunque ya en la distancia no lo parezca tanto a veces) muy enriquecedora y algo difícil de explicar. La gente, sus expresiones, su forma de vivir y de ver la vida tan diferente a la que tenemos aqui... no tengo capacidad para explicar todo lo que he visto o sentido así que aquí dejo mis descripciones y valoraciones. 
Me quedo con todo lo positivo del viaje, aunque también he vuelto un tanto desanimado. Tal como hablaba con una amiga en Tanzania, para mejorar las condiciones de mucha gente es necesario mucha política, si se quisiese se acabaría con tantísima desigualdad pero realmente no se quiere, no interesa. Africa es, entre otras cosas, la mina del resto del mundo y en este sistema para que unos se enriquezcan y disfruten de comodidades otros tienen que seguir mal. De los muchísimos ejemplos posibles, uno muy simple: Noruega, con su altísimo nivel de vida, vive del petróleo que extrae de, entre otros países,  Tanzania y de Níger.  Niger es uno de los 5 países más pobres del mundo (la gente vive con 80cent/dia), y en Tanzania el 60% de los niños van al cole, a primaria, de ellos, menos del 50% podrá seguir con sus estudios en secundaria. 
También en Tanzania, 1L de agua ( embotellada por cocacola) vale más cara que una cocacola.  
Estos y muchos otros contrastes te hacen pensar . Es para reflexionar.  

Bueno, supongo que aquí pongo el punto final a este blog pero el punto seguido a la experiencia africana, de la que me he quedado con ganas de más. Me he quedado con más ganas de ser un mzungu (que en swahili significa vagabundo) y de seguir conociendo a las gentes de África. 
Quién sabe, igual vuelvo algún día. Y quién sabe, igual acompañado de alguien que lee esto ahora mismo ;). 

Benako, frontera con Rwanda. 
Una mujer con su vaca en un afluente del Nilo
Reagan dàndome clases de colonialismo
Comida a orillas del Nilo
La madre de Mercy
Ryhanna y Wini lavando la ropa, ahí se bañarán por la noche
Somoe en su tienda. 
Pangani. La tienda de Somoe, la basura en primer plano.
Sophia
Jakob 

Comentarios

  1. No intentes que entendamos lo que has vivido, Migue, es imposible transmitir esa extraordinaria experiencia, bastante has hecho con contarlo de forma tan asombrosa.
    Gracias, iyo.

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  2. Mzungu, illo, no sabía yo que te gustase desayunar en tanga.

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  3. Buen post, illo. gracias por este bloj tan tan tan bueno

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